sábado, enero 10, 2009
Globalización y sociedad del conocimiento
Este es un borrador-resumen del articulo publicado en el libro "Globalización en el siglo XXI: retos y dilemas". Para su versión íntegra consultar el citado libro.
Andrés Pedreño Muñoz
Resumen
En el presente artículo se abordan algunas reflexiones sobre las exigencias de la globalización en el marco del creciente avance de la sociedad del conocimiento en la mayor parte de los países. Se pone especial énfasis en algunas implicaciones de las “olas tecnológicas” más recientes (y futuras), así como en la necesidad de llevar a cabo políticas activas que favorezcan el desarrollo de una sociedad del conocimiento global, en la que las empresas locales puedan maximizar los beneficios derivados de la globalización y del propio conocimiento. Por último, se llama la atención sobre las limitaciones inherentes a determinados procesos de reformas, en relación con la entidad y la velocidad de los cambios que tienen lugar a través de internet en nuestro entorno global.
I. INTRODUCCIÓN. GLOBALIZACIÓN Y CONOCIMIENTO
Globalización y sociedad del conocimiento son los dos ejes estratégicos del siglo XXI, Ambos han conformado en las últimas décadas un marco que explica en buena parte el crecimiento económico y el progreso en general. Constituye una tarea prioritaria para estudiosos y analistas comprender mejor ambos fenómenos y tratar de explotar sus ventajas para empresas y países.
A las puertas de una crisis financiera que implica de lleno a la propia globalización en su origen, desarrollo, extensión, impactos, etc. es, sin embargo, difícil pensar que cualquier suerte de respuesta pueda llevarnos a procesos de involución proteccionista o incluso a análisis que menoscaben sus avances.
La globalización no solo en un mero concurso de intereses. La mayor parte de los países de economías avanzadas y emergentes identifican unas ventajas irrenunciables, en un modelo que, pese a los contratiempos (ciclos, coyunturas, brechas, desequilibrios…) ha propiciado periodos de notable estabilidad y crecimiento en las últimas décadas. Desde esta perspectiva, países tan diferentes como Irlanda, Finlandia, Corea, China, Brasil, Reino Unido, Estados Unidos, España, Australia, India… presentan un balance favorable, aunque con resultados desiguales dentro de lo que podríamos evaluar como mayor o menor eficiencia en sus estrategias para maximizar las ventajas de la globalización, desde perspectivas bien distintas.
Sin dejar de lado disquisiciones sobre si la globalización es un proceso autónomo histórico o un orden espontáneo lo cierto es que hay un conjunto de problemas o retos que exigen ser contemplados desde una perspectiva global. No solo los problemas derivados de un nuevo orden económico internacional y que reclaman urgente atención (finanzas, comercio, libre movilidad de personas, recursos naturales…), sino también cuestiones relativas al medio ambiente, al cambio climático, al multiculturalismo…
Es tal la entidad de los problemas globales de nuestro tiempo que casi no hay lugar para una “agenda nacional o local” en la búsqueda de soluciones efectivas. Pese a muchas limitaciones y diversos problemas ligados a la globalización, es difícil imaginarse un marco económico diferente que pueda con eficiencia abordar los problemas a los que se enfrenta nuestro tiempo. Pese a los detractores y críticos hay que admitir que el peso de los argumentos a favor de la globalización es cada vez más importante y que nuestro actual modelo –pese a convulsiones de la entidad de la actual crisis financiera– resulta bastante “desmontable”.
La globalización, no obstante, se enfrenta a problemas históricos y actuales muy relevantes. Desde la restricciones al crecimiento sostenible a la escasez de ciertos recursos básicos o la desigualdad. Es precisamente la sociedad del conocimiento la que puede aportar las soluciones a este tipo de problemas, caracterizados por su complejidad y dificultad de respuesta. Al respecto, haremos mención a algunas de estas cuestiones más adelante.
Internet configura una antesala de la sociedad del conocimiento a través de la información, y su implantación e idea conceptual es en sí misma global. Actualmente es ya un fenómeno de masas llamado a estructurar –aun más– la forma en la que ya actualmente producimos, compramos, trabajamos, nos organizamos y relacionamos. Se podría decir incluso que cambiará progresivamente cada vez más la forma en la que vivimos (trabajo, negocios, ocio, comunicación… ). Internet es una dimensión más de la globalización, pero al mismo tiempo la define, la proyecta y le confiere una dimensión casi inimaginable hace tan solo una década.
Avanzar en un concepto positivo de globalización, apoyado en las potencialidades de la sociedad de la información y del conocimiento, es uno de los retos más apasionantes para los ciudadanos las empresas, las ciudades, las regiones, los países… En el presente artículo se pretenden abordar algunas reflexiones y “buenas prácticas” que podrían ser caracterizadas como tales a la luz de las muchas iniciativas que tienen lugar en el mundo y reflejadas a través de internet.
II. LA GLOBALIZACIÓN Y LA VELOCIDAD DE LOS CAMBIOS: EL IMPACTO EN LAS EMPRESAS Y EL PAPEL DE LOS GOBIERNOS
Los cambios que emanan de la globalización son mucho más rápidos de lo que son capaces de percibir los ciudadanos y los países. Y es porque una gran parte de los mencionados cambios ocurren en el ámbito de las empresas, llamadas a ser grandes protagonistas e impulsoras de transformaciones de todo tipo. La globalización está imponiendo una nueva escala y una nueva filosofía empresarial, así como la necesidad de desarrollar nuevos enfoques e ideas para sobrevivir en un marco competitivo cada vez más exigente. Ser empresario o gestor de empresas en nuestros días requiere de habilidades, actitudes, conocimientos y formas de pensar bastante diferentes a las culturas empresariales predominantes hace muy pocas décadas.
Algunas industrias tradicionales han debido redimensionar su tamaño, la escala de las operaciones, su tecnología, su logística… de forma que los pequeños negocios tradicionales característicos de estos sectores carecen de viabilidad fuera de determinados parámetros. La dimensión y la escala operativa han pasado a formar parte de una nueva cultura empresarial, con implicaciones relevantes para lo local y con metodologías de gestión cada vez más sofisticadas e innovadoras.
Al incrementar la escala global operativa hay una mayor exigencia en términos de competitividad y se agigantan los problemas derivados de enfrentarse a situaciones complejas (mercados bien distintos, prácticas de competencia desconocidas… ). La empresa actual afronta un marco global donde la cultura empresarial y laboral procede de ámbitos geográficos muy diferentes. Ha pasado, en poco tiempo, de desenvolverse en mercados más o menos homogéneos a una situación caracterizada por una diversidad cultural no tan fácil de asimilar (empresas japonesas, chinas, indias, europeas, estadounidenses compitiendo por los mismos mercados… ).
Por otra parte, reiteradamente se ha venido insistiendo en el hecho de que el bajo coste de producción de algunos países emergentes impone duras exigencias de competitividad para los países avanzados. Es precisamente la sociedad del conocimiento una de las claves para dar respuestas a estas exigencias. El conocimiento no solo se ha convertido en una llave para ser más competitivo, es casi un recurso de supervivencia en el nuevo marco global.
Además cabría añadir un agravante para los países avanzados sobre los análisis que los economistas hemos venido formulando en nuestros análisis. Esto es, algunos países emergentes han ido tomado conciencia del valor del conocimiento para asegurar las altas tasas de crecimiento económico actuales a medio plazo, más allá de la duración temporal previsible de sus ventajas competitivas salariales. Estas apuestas de países como China, India, Rusia, Brasil… contribuyen a introducir mayor “estrés” en las empresas de los países avanzados, “condenados” a una única estrategia de éxito empresarial: liderar el conocimiento como input productivo y factor de competitividad por excelencia.
Desde que M. Porter defendió por los ochenta la idea de que la competitividad industrial y empresarial estaba basada en la capacidad de innovar, la filosofía de la innovación ha ido calando, más o menos eficazmente, entre la mayoría de las empresas y de los países de todo el mundo. La escala global en la que las empresas operan ha acentuado esta necesidad, más centrada en una “innovación competitiva” y necesariamente muy vinculada al conocimiento.
Ante la globalización, las nuevas estrategias de las empresas no se han agotado con iniciativas como la deslocalización, la segmentación de la producción o la propia internacionalización estratégica de las empresas. Hay cambios y formas de actuar que vienen dados por las nuevas herramientas que propicia el conocimiento. Internet por ejemplo, nos ha abierto una gran puerta a nuevas ideas y singulares oportunidades al proyectar una enorme información en todos los rincones.
Al respecto, cabe mencionar por ejemplo que hace muy pocos años la información restringida era poder. Hoy, internet y la sociedad de la información ponen en crisis este tipo de postulado. El caso del desarrollo de la industria del software, el “código abierto” frente al “código propietario”, pone en evidencia que compartir información y conocimiento puede ser una fuente de progreso extraordinaria. Hoy, el nuevo postulado de la moderna gestión del conocimiento sería: “el conocimiento que se comparte crece y mejora”. Pero la cuestión clave es ¿cómo pueden digerir las empresas esta nueva filosofía estando acostumbradas a sobrevivir con los viejos postulados?
El hecho es que cada vez resulta más difícil reservar y monopolizar información ante una red de usuarios mucho más organizada y dispuestos a intercambiar ideas, propuestas, hipótesis… Hay que advertir que la economía del conocimiento, probablemente acabe imponiendo nuevas reglas a las empresas y otras formas de actuación estratégica, alterando los tiempos y los enfoques que han persistido hasta hace poco.
De todo esto se deriva la necesidad de ser más activos a la hora de diseñar estrategias de crecimiento y competitividad para nuestras empresas. Los cambios son más veloces y de mayor entidad. Las exigencias de dar respuestas diligentes y eficientes a estos cambios se convierten en una necesidad vital para sobrevivir empresarialmente. Quizás las empresas necesiten ayudas, al margen de un no intervencionismo que se ha ido consolidando como dogma en las últimas décadas.
Y ¿cómo ayudar a las empresas? Pese a los avances de la globalización, la cultura empresarial se conforma todavía en gran medida dentro de cada país. Es en este ámbito donde pueden surgir señales más o menos acertadas o erróneas para administrar de forma eficiente los cambios a los que deben someterse las empresas.
Se debería insistir más en que es absolutamente prioritario y estratégico crear condiciones idóneas para que las empresas de un país puedan competir y sobrevivir en el exigente mundo global. Algunas de estas prácticas ya se llevan a cabo con mayor o menor fortuna: fomentar la cultura innovadora en las empresas, políticas que favorecen la internacionalización, incentivos para la introducción de las nuevas tecnologías, nuevas formas de captación de talento y de motivación, la cultura emprendedora… Pero la vía más sólida, a medio y largo plazo, es la apuesta por el conocimiento.
Aquí no todos los países avanzados son lo suficientemente diligentes y eficientes para trazar con eficacia un “plan de ruta” hacia la explotación productiva del conocimiento.
Evidentemente entre las fuertes rentas para la economía de un país de un crecimiento a corto plazo inducido por el sector inmobiliario (incluso de signo especulativo) y la incertidumbre de las apuestas por el capital riesgo en los sectores que protagonizan el conocimiento hay una tentación por dejarse llevar claramente por el primero y apostar marginalmente por el segundo.
En la última década un país como España ha tratado internet y las nuevas tecnologías de las comunicaciones como un sector no estratégico, pese a configurar una comunidad lingüística de más de cuatrocientos millones de personas, participar con altos costes en la burbuja tecnológica y plantear acertadamente algunos proyectos que bien gestionados podrían haber mantenido un cierto liderazgo internacional.
El Plan InfoXXI y las primeras ediciones del Plan Avanza se caracterizaron por su debilidad (e incluso torpeza), incapaces de dar respaldo a proyectos emergentes de bajo coste y ajenos a y superados por el desarrollo de la burbuja tecnológica, la cual crearía entre los inversores españoles una animadversión hacia lo tecnológico y un proclivismo hacia lo inmobiliario.
Así, en este contexto la fortaleza de la actividad constructora ahogaba cualquier reclamación hacia las nuevas tecnologías o punto de mira diferente que no fuera por el ladrillo. Internet adolece actualmente de una escasa capacidad de liderazgo internacional, incluso muchas empresas tradicionales españolas ven en internet una amenaza más que un espectro de buenas oportunidades.
Hoy además, con la crisis inmobiliaria en ciernes, España se enfrenta a la carencia de alternativas al sector inmobiliario en un momento en el que previamente al estallido de la crisis financiera se percibían síntomas de agotamiento del patrón de crecimiento de la economía española predominante en los últimos catorce años.
Abundando en esto, los economistas españoles han puesto de relieve la debilidad de la estructura de nuestras exportaciones, claramente afectadas en la dinámica de los últimos años por problemas de competividad. Profundizado en la citada estructura exportadora, destaca la débil exportación de bienes de alto contenido tecnológico y su evolución plana, sin crecimientos relativos importantes, algo que sin embargo, ha sido una característica de aquellos países avanzados que han experimentado altas tasas de crecimiento económico en las últimas décadas.
El escaso desarrollo de internet en términos relativos ha podido incidir en este estado de cosas. Aparte de los costes derivados de una escasa capacidad de explotación de este tipo de recursos por nuestras empresas.
Pero el problema hay que verlo desde una óptica aún mayor. En términos de coste de oportunidad no es lo mismo invertir obsesivamente, por ejemplo, en infraestructuras que en ciencia y tecnología. Aunque los avances en la productividad se venfavorecidos significativamente con el desarrollo de infraestructuras de comunicación, algunas de las últimas inversiones obedecen más a motivos políticos que a demandas de tipo económico. El alto coste de este tipo de infraestructuras ha estado bien motivado en muchos casos para incrementar la viabilidad y el valor de proyectos inmobiliarios. A largo plazo, sin embargo, todavía está por evaluar el coste derivado de unas políticas anquilosadas a favor de la sociedad del conocimiento.
Es significativo que algunos países de Asia hayan invertido su montante de inversiones a favor del la ciencia y tecnología y en detrimento de las infraestructuras, pese a no tener todavía la cantidad de una base de desarrollo infraestructural equiparable a la de otros países avanzados. Al respecto, algunos países emergentes perciben con claridad que la productividad y la competitividad cada vez van más de la mano del conocimiento, como resaltan acertadamente ciertos autores, como Joseph Stiglitz.
El camino al conocimiento no está exento de complejas dificultades o, incluso, de tentaciones. Es más fácil hacer aeropuertos, autopistas o trenes de alta velocidad que parques científicos o tecnológicos. Para algunos gobiernos regionales es más fácil apostar y diseñar e invertir grandes cantidades de dinero público en parques temáticos de ocio, obras faraónicas de arquitectura o eventos de élite deportiva que mejorar los recursos dirigidos a la educación y al desarrollo o la atracción del talento. Incluso no hay una clara apuesta estatal de entidad, motivadora y capaz de generar sinergias universidades, empresas, etc.
Por último, las reformas y regulaciones también corren una suerte parecida. La capacidad de las universidades de dar respuestas a la sociedad quizás era suficiente o correcta hace tan solo una década, pero algo muy distinto es su capacidad para adaptarse a los retos derivados de los mencionados cambios, en especial aquellos que ocurren a gran velocidad.
En cualquier caso es un hecho que la economía española se enfrenta a un inevitable y relevante cambio estructural teniendo como horizonte la economía del conocimiento. Este cambio deberán protagonizarlo las empresas, pero ayudadas e incentivadas por las administraciones públicas.
III. GLOBALIZACIÓN, OLAS TECNOLÓGICAS E INTERNET
En las últimas décadas el papel del conocimiento y la innovación tecnológica se extiende por la totalidad de sectores y la mayoría de las zonas geográficas del planeta. Silicon Valley ha venido anticipando algunas olas (u ondas en sentido más clásico ) de forma anticipada, de manera que ha protagonizado avances relevantes con importante impacto en los sistemas productivos. El gráfico de más abajo es muy ilustrativo.
Los avances ligados a los circuitos integrados, los ordenadores personales, el software, y más recientemente internet, han protagonizado unos impactos muy relevantes en aquellas economías que han sabido posicionarse estratégicamente en estos sectores. Las últimas etapas propiciaron durante la etapa de Clinton uno de los periodos más estables de crecimiento económico estable en Estados Unidos. Otros países como Irlanda, Corea, India –parcialmente–, incluso Estados Unidos –a pesar del posterior "shock Bush"– nos están dando pistas del valor de saber aprovechar eficientemente una ola tecnológica específica.
La secuencia y desarrollo de las diferentes olas es interesante, de acuerdo con gráfico. Cada ola, presenta una gestación lenta en sus inicios, seguida de una etapa de rápida expansión y otra de un cierto agotamiento. Pero lo más interesante es que cada una de estas etapas ha engendrado un nuevo salto tecnológico más potente, con el inicio y desarrollo de las sucesivas olas descritas.
¿Pueden anticiparse estas olas tecnológicas? ¿Pueden los países posicionarse y sacar partido a la tipología de estos saltos tecnológicos apostando en las bases que los hacen posible? Sin duda, son preguntas relevantes, puesto que estamos hablando de sectores cuyo crecimiento y desarrollo están basados cada vez más en el conocimiento. Pero en cualquier caso, se percibe el gran papel que el conocimiento ha tenido el desarrollo de este patrón de crecimiento económico.
Algunos especialistas en prospectiva vienen insistiendo en el impacto potencial que las próximas olas tecnológicas tendrán en la economía mundial. Estas predicciones, de acuerdo con las tendencias observadas en Silicon Valley y otros entornos tecnológicos avanzados, han venido identificando la confluencia entre la biotecnología, la infotecnología y la nanotecnología como germen de la futura ola tecnológica a escala global. Más recientemente el peso de la nanotecnología y sus potencialidades parece absorber un protagonismo creciente sobre la biotecnología y la propia infotecnología.
Charles Vest aventuró a finales de los noventa que con la nanotecnología se produciría una segunda revolución industrial en todos los países. La entidad de la revolución nanotecnológica podría desbordar todas nuestras previsiones (recomiendo la lectura del artículo de Mike Treder en este mismo volumen) y ser un índice tanto de la velocidad como de la entidad de los cambios que venimos mencionando, algo que los economistas no estamos considerando adecuadamente en nuestros modelos y herramientas de análisis, más orientados a recrearse en el pasado que a intentar desvelar claves decisivas para la inversión, el crecimiento y el empleo ligadas a opciones de futuro.
¿Qué implicaciones tienen estas ondas tecnológicas y particularmente la ola nanotecnológica? ¿Qué tipo de consecuencias deberían sacar las empresas y los países?
El Presidente del Consejo de Asesores para Ciencia y Tecnología de los Estados Unidos los resumió muy acertadamente hace un par de años con la siguiente frase:
"La civilización está en el umbral de un nuevo orden industrial. Los grandes ganadores en la lucha global por el cada vez más duro liderazgo no serán aquellos que simplemente fabriquen bienes más rápido y más barato que la competencia. Serán aquellos que desarrollen talento, técnicas y herramientas tan avanzados que no exista competencia para ellos. Esto significa asegurar un liderazgo incuestionable en nanotecnología, biotecnología, ciencias de la información e ingeniería. Y significa la actualización y la protección de las inversiones que nos han dado nuestro liderazgo nacional y nuestro insuperable nivel de vida”.
Sin adentrarnos en el futuro (próximas ondas tecnológicas como la nanotecnología), cabe preguntarse si una ola ya “madura” como la de internet ha sido suficientemente aprovechada en un país como España. Cabe reflexionar al respecto si especialmente en un marco internacional donde la extensión lingüística del español en el mundo nos confería una clara ventaja frente a otros países europeos (Alemania, Francia, Italia…) la opción de internet ha sido claramente desaprovechada. De aquí podrían deducirse algunas consecuencias sobre nuestra capacidad de asimilar y sacar ventajas en el marco de la economía del conocimiento y, en concreto, de otras olas tecnológicas venideras.
A veces e surgen dudas de si somos conscientes del limitado desarrollo de la ola de internet en España. En mi opinión no es buen ejemplo de aprovechamiento y posicionamiento en el ámbito de la globalización que vivimos o de políticas específicas ligadas a un sector de conocimiento.
Ya hemos señalado que actividades tradicionales como la construcción y el sector inmobiliario han desplazado a cualquier apuesta relevante en el sector de la sociedad de la información que mirara un poco más allá de nuestras fronteras. Apenas hemos desarrollado una oferta de internet local equiparable a países de nuestro entorno.
¿En qué se han traducido en la práctica estas carencias? Más bien han predominado discursos triunfalistas derivados de nuestro crecimiento internacional en términos relativos. Quizás con la actual crisis empecemos a ser más conscientes de las debilidades de nuestro crecimiento económico y nuestra escasa preparación para participar de forma relevante en sectores ligados al conocimiento.
Al respecto, la insuficiencia de políticas activas relevantes para el desarrollo de la sociedad de la información fue seguida de una estructura inadecuada de políticas a favor del desarrollo de la misma, de la carencia de talentos suficientes y de un tejido productivo ajeno a la cultura tecnológica en cuestión. Como resultado de esto nuestro país adoleció de algunos efectos negativos relevantes:
a) Como ya he citado, durante los últimos diez años España ha estado en la cola de los indicadores europeos de desarrollo de la sociedad de la información e implantación de internet.
b) Las cuantiosas inversiones empresariales de los primeros años (banca, operadores, empresas eléctricas, etc.) se resolvieron en el estallido de una burbuja sin apenas supervivientes de éxito y con graves pérdidas (y negocios desastrosos en algún caso). En otros países la burbuja dio paso a un enfoque de internet que hoy empieza a cosechar sus primeros resultados.
c) Retraso relativo en el desarrollo o intensidad de uso de internet en sectores estratégicos (publicidad contextual y online, vuelos baratos, turismo, hoteles, agencias, banca electrónica…).
d) Inexistencia de proyectos globales (al menos de ámbito lingüístico) con el aprovechamiento del potencial lingüístico) y dependencia de los grandes proyectos anglosajones.
IV. HACIA UNA ESTRATEGIA PARA EL DESARROLLO DE LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO
Definir una estrategia para el desarrollo de la sociedad del conocimiento parecería decisivo para las empresas y los países, a la luz de las exigencias de la globalización ya mencionadas y el agotamiento del modelo de crecimiento, como en el caso de España actualmente.
Cada vez es más evidente que la sociedad del conocimiento representa la etapa más avanzada del proceso de transformaciones significativas impulsadas por la globalización en las últimas décadas del siglo XX y, en conjunto con la mundialización de la economía, de los mercados, la globalización de los negocios y de la política se configura un nuevo entorno económico para el presente siglo.
Por una parte, los países deben aspirar a participar de forma relevante en los sectores estratégicos de futuro, fomentando el desarrollo de una estructura productiva capaz de generar un alto valor añadido, empleo cualificado y una base exportadora de bienes de alto contenido tecnológico. No hay dudas de que el camino para un crecimiento más sólido en el entorno de los países más avanzados pasa por las consideraciones que se hacían al principio de este artículo.
Por otra, como se ha insistido hasta la saciedad, el desarrollo de sectores como el de nuevas tecnologías llevan consigo el avance de mejoras relevantes en el tejido productivo de un país, incluidas las empresas de los sectores tradicionales existentes a las que incorpora relevantes mejoras de productividad y competitividad.
Casi cabría hablar a medio y largo plazo de una “economía global del conocimiento”. Al respecto, existe una extendida opinión entre instituciones internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), sobre las tendencias de cambio en los sistemas económicos actuales hacia una “economía global de conocimiento”. El antecedente más claro, citado con reiteración y ya mencionado con anterioridad, ha sido el derivado de los avances en las tecnologías de la comunicación. Su efecto más inmediato con una generalizada caída de costes y un incremento decisivo en la eficiencia de trasmisión, recogida y análisis de la información ha propiciado una creciente toma de conciencia popular sobre el valor del conocimiento.
Se ha asumido, al menos en teoría, la doctrina de que el conocimiento y la capacidad de innovar es un determinante de la riqueza de los países y la base de generación de ventajas comparativas. Desde este punto de vista el conocimiento sería el medio fundamental para optimizar la eficiencia de producción y los procesos de distribución, mejorando la calidad y la cantidad de productos, aumentando la elección de productos y de servicios para consumidores y productores. El conocimiento como input y output surgiría, en teoría insisto, como una baza decisiva para las próximas décadas.
Los recursos o políticas para propiciar la economía del conocimiento cada vez están más nítidamente identificados: empresarios y gestores con mentalidad global y formación tecnológica y universitaria, trabajadores fuertemente cualificados en tecnología, movilidad internacional, capacidad de atracción y de relación con empresas internacionales de alta tecnología y especializadas en conocimiento, desarrollo de una cultura de la innovación competitiva internacionalmente, soportes externos a las empresas del sistema de ciencia y tecnología, masa crítica y clusters tecnológicos relevantes en sectores de futuro, entre otros recursos.
Sin embargo, en la práctica, los países no tienen tan fácil la tarea de transformar y realizar ciertos cambios estructurales imprescindibles para caminar con solidez hacia el nuevo modelo económico global del conocimiento.
Estas dificultades se dejan ver por ejemplo en la fijación y articulación de prioridades de políticas nacionales en los ámbitos de ciencia investigación y educación. Las mismas son decisivas para convertir el conocimiento en un instrumento fundamental para el crecimiento y la competitividad. Pero la generación, adquisición, difusión, y explotación del conocimiento como estrategia relevante de la política económica cae en las trampas institucionales del propio sistema.
Esto último va propiciando que haya cada vez más diferencias relevantes entre países e intensidades y resultados diferentes, apreciables a la hora de ejecutar este tipo de políticas.
Pese a esto, pocos dudan ya de que hay políticas que pueden favorecer una economía del conocimiento en un país determinado. Concretamente hay dos esferas importantes de actuación, resaltadas reiteradamente por los especialistas:
- Mejorar el sistema educativo de un país y la formación de capital humano. No se trata únicamente de absorber recursos financieros en una cuantía equiparable a la de los países avanzados que lideran las olas tecnológicas que mencionábamos. Se trata de introducir los cambios y reformas necesarias que hagan posible la eficiencia del sistema educativo a la hora de responder a los retos de la sociedad del conocimiento. La baja calidad formativa en términos internacionales, la ínfima productividad de la actividad investigadora (medida en términos de patentes, índices de transferencia de tecnología, “emprendedurismo”, spin-offs etc.), la carencia de parques científicos de éxito relevante… no solo es producto de una carencia de recursos financieros en términos relativos, sino de la inexistencia de reformas que fomenten la propia competitividad del sistema educativo y destruyan los vicios relevantes que existen. Al respecto hay que poner en crisis incluso hasta los resultados que nos equiparan internacionalmente. Hay que tomar la mayor conciencia de que el sistema educativo español adolece de carencias relevantes en relación con las exigencias de la sociedad del conocimiento y las necesidades de las empresas.
- Capacidad para atraer capital humano e inversiones relacionadas con los sectores del conocimiento. ¿Cómo hacer que un país sea atractivo y eficiente a la hora de atraer de forma relevante talento y empresas avanzadas ligadas a sectores de futuro? No es un tema fácil, pero no parece que las políticas pasivas sean las más recomendables, ya que una parte de países se esfuerzan por plantear políticas activas y entornos competitivos. A modo de ejemplo, hay un conjunto de iniciativas que pueden identificarse como buenas prácticas en materia de este tipo de políticas. Por citar algunas:
o Un sistema de incentivos fiscales, facilidades e incentivos para la atracción de empresas de sectores estratégicos.
o Entornos y espacios competitivos de ámbito internacional para la atracción y ubicación de empresas avanzadas en ciencia y tecnología. Al respecto, una red de parques científicos y tecnológicos con los recursos, metodología y enfoque adecuado parecería absolutamente imprescindible.
o Fortalecer un sistema de ciudades competitivo dentro del entorno internacional con los servicios e infraestructuras de aquellos centros urbanos de referencia internacional.
o Mejorar la competitividad, la eficiencia y la capacidad de transferencia de tecnología en sectores específicos del sistema universitario, especialmente en su papel dinamizador de parques científicos, competitividad investigadora, spin-offs, etc.
Podría sostenerse que este tipo de políticas tienen un perfil “bajo” o insuficiente en aquellos países que, como España, sustentan su base económica en sectores como el inmobiliario.
Esto último entraña peligros, tal como muestra la historia reciente, desde Japón a Estados Unidos, pasando por algunos países europeos. Ya hemos subrayado que el crecimiento sostenido de la actividad inmobiliaria y sus relevantes efectos multiplicadores hacen menos prioritarias las apuestas para desarrollar la sociedad del conocimiento y la instrumentación del tipo de políticas que acabamos de mencionar más arriba. Pero ojala que su agotamiento actual propicie una vía alternativa fuertemente orientada al conocimiento.
V. UN CAMBIO FUNDAMENTAL: REFORMAS EN LOS SISTEMAS DE INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA
De lo expuesto anteriormente hay que llamar la atención sobre los cambios en el sistema universitario de investigación. Esto es especialmente relevante en países como España, donde un porcentaje muy elevado de la investigación total del país se lleva a cabo en el ámbito público universitario. Como decíamos anteriormente, estos cambios son complejos.
Cabría señalar que los retos de la investigación española deberían afrontarse desde una múltiple perspectiva:
• La transición o cambio desde sistemas de ciencia nacionales a redes científicas globales.
• La capitalización de conocimiento.
• La integración de la labor académica en la economía industrial y empresarial.
• Y la mayor participación de la inversión privada (universitaria y empresarial) en la propia producción de conocimiento y tecnología.
Algunos especialistas tienden a plantear estos objetivos de una forma más compleja de lo que en mi opinión el problema requiere y esto no ayuda a instrumentar medidas rápidas y eficaces para los objetivos propuestos.
En concreto, he defendido que desde una óptica descentralizada y con incentivos y desincentivos relevantes sobre unos objetivos ambiciosos claramente definidos, las instituciones universitarias pueden diseñar modelos de actuación basados en casos de éxito internacional, para lograr un volumen de investigación competitiva capaz de traducirse en una capitalización de conocimientos relevante para la economía de un país.
Por el contrario, una estrategia tutelada por las administraciones –contraria a la cultura universitaria– puede conducir a metodologías innecesariamente complejas y desorientadas sobre las posibilidades reales que emanan de las propias universidades.
Los responsables de las políticas actuales deberían ser conscientes de que lo que caracteriza la revolución tecnológica actual no es la centralidad de conocimiento e información sino la aplicación de dicho conocimiento e información en círculos de generación del conocimiento y de procesamiento o difusión de la información, en un círculo acumulativo de feedback entre la innovación y los usos de la innovación.
En un contexto más global (organismos supranacionales), también son necesarias políticas internacionales activas. Conocimiento, libertad y desarrollo (“knowledge as freedom and development as freedom”) parecen en este campo cuestiones relevantes.
La era de internet ha cambiado muchas cosas y paralelamente ha levantado otras tantas resistencias. Los gobiernos deberían impulsar acuerdos internacionales que propiciaran avances de futuro. Cito algunos campos, en mi opinión imprescindibles:
• Acceso abierto a la información y el conocimiento. Tomando como referencia la revolución del open source & open access (ya mencionada).
• Libertad y apertura de la ciencia “pública” (una intelectualidad socializada);
• Plantear un concepto de conocimiento abierto para el desarrollo global y la consolidación de las libertades.
• Fomento de recursos gratuitos cruciales para la innovación y la creatividad dentro del concepto de la moderna economía del conocimiento (“el conocimiento que se comparte, mejora y crece”).
VI. CONOCIMIENTO Y GLOBALIZACIÓN: BUENAS PRÁCTICAS EN LA ERA DE INTERNET
La sociedad del conocimiento exige observadores capaces de identificar oportunidades en función de sensibilidades, conocimientos, escenarios y contextos muy diversos. De ahí que la gestión centralizada esté abocada muchas veces al fracaso. Internet se ha convertido en una ventana capaz de transmitirnos una información casi infinita. Identificar y seleccionar información de buenas prácticas relevantes es clave para alcanzar competitividad en la era de la globalización. Es imprescindible cultivar la observación inteligente.
El presente apartado forma parte de un ejercicio práctico que realizo anualmente con mis alumnos de economía de la globalización. Se trata de identificar y evaluar ideas, proyectos, tendencias e innovaciones importantes para temas específicos previamente seleccionados. En este caso trato de recoger una muestra casi al azar de cambios relevantes, oportunidades, buenas prácticas, que tienen lugar en distintas partes del mundo relacionados con algunos de los temas aquí tratados.
Como veremos, se trata de temas no recogidos generalmente en las agendas de los gobiernos, ni frecuentes en los estudios e investigaciones de los analistas en estas materias. Me referiré a algunas enseñanzas que se derivan en materia de comunicación e incentivos. Y adicionalmente a prácticas puntuales de gran valor que surgen de las instituciones universitarias. Naveguemos…
1. Crear en la sociedad de en un país la cultura del valor del conocimiento y la atracción y el desarrollo de talento.
¿Es importante crear una cultura y difusión social entorno al conocimiento y al talento? ¿Qué papel pueden desempeñar los medios de comunicación social de un país en la creación de la mencionada cultura?
Algunas de las universidades estadounidenses de prestigio mundial están destinando una relevante cantidad de recursos a estimular las vocaciones en ciencia y tecnología, y más específicamente, a orientar talento en la educación secundaria hacia campos como el de la nanotecnología. Para esto, por ejemplo, redefinen con recursos audiovisuales muy atractivos la enseñanza del átomo y de las estructuras moleculares en un mundo a nanoescala. El objetivo es motivar y propiciar la captación de la atención de brillantes estudiantes, potenciales especialistas en un futuro próximo, para orientarlos vocacionalmente hacia la ciencia y más concretamente despertar su interés por la nanotecnología. Estas iniciativas, muchas veces van acompañadas de becas, ayudas y facilidades a estudiantes de todo el mundo que presenten capacidades de talento excepcionales. Algunos países emergentes como China e India han tomado conciencia de la importancia de este tipo de políticas, apostando fuertemente por la retención y recuperación de talentos.
El anuncio de más abajo difunde la aplicación de fondos para captar talentos en algunas universidades estadounidenses (Harvard, Yale…).
Más abajo se recoge una portada de The New York Times que es frecuente ver en otros diarios norteamericanos para esta misma temática. Desplazando cualquier tipo de noticia política, económica, el NYT dedica su mejor espacio a Terence Tao un matemático que a los 7 años ya cursaba estudios de secundaria en matemática y a los 31 es uno de los matemáticos más reputados del mundo, ampliando detalles sobre su trayectoria y la relevancia de su trabajo profesional.
¿En que medida los medios de comunicación de un país (televisiones, periódicos, etc.) pueden desorientar el reconocimiento y estímulo social al talento?
¿Por qué hay países en los que la imagen científica o universitaria está bastante devaluada en términos comparativos y más allá de lo que marcan ciertos indicadores objetivos? ¿Hay un margen dentro de las libertades de información para inducir políticas que reflejen las prioridades, retos y reconocimientos sociales de un país para construir un futuro más sólido, garantizar su crecimiento y la generación de empleos cualificados?
Quizás el titular de NYT contesta a algunas preguntas del tipo que acabamos de formular. Las ventajas de este tipo de difusión van más allá de la orientación vocacional y el mero reconocimiento social del talento. Este tipo de prácticas pueden traducirse en la generación de fondos relevantes procedentes del sector privado. Este tema clave es precisamente uno de los factores que explican la gran diferencia entre las inversiones en I+D+i entre los Estados Unidos y Europa es el montante de inversión privada. En Europa, en términos globales, es exigua en comparación con la que emana en el ámbito de las empresas y las universidades estadounidenses.
Reino Unido, consciente de la debilidad de la inversión privada, llevo a cabo una propuesta inteligente a principios de 2007, que recoge este anuncio recogido por The Observer:
El gobierno británico consciente de la desventaja comparativa de Oxford, Cambridge, presenta un nuevo plan por el que por cada 2£ que las entidades privadas donen a las universidades británicas, el Gobierno aportará 1£ más, hasta un máximo de 2 millones de libras.
Es evidente que el desarrollo de la sociedad del conocimiento exige dosis de complicidad social como las referidas arriba. La inversión privada en I+D+i , la orientación vocacional de los mejores talentos, el reconocimiento y el prestigio social de los profesionales de la educación, la ciencia, la tecnología… todo esto es muy valioso para dejarlo al azar o a la mera improvisación. Aspirar a ser relevantes internacionalmente en la sociedad del conocimiento exige estrategias y políticas activas en estos temas.
2. Iniciativas y buenas practicas en instituciones universitarias
En el ámbito de la autonomía universitaria es muy notable la cantidad de iniciativas que las instituciones de educación superior llevan a cabo en nuestros días. Cuesta trabajo ser selectivo. Aquí las pregunta es ¿se aprovecha adecuadamente todo un conjunto de propuestas, ideas, proyectos, políticas universitarias observadas internacionalmente?
Recojo a modo de ejemplo cuatro sencillos casos:
A) Títulos universitarios competitivos. Para muchos analistas el debate sobre la homologación de títulos europeos y las reformas que se acometen actualmente queda corto en relación con las necesidades derivadas de las exigencias de la globalización para las empresas y sus demandas laborales. Sin embargo, bastantes universidades, más allá de reformas tipo Bolonia, se están haciendo eco de estas necesidades. Más abajo se recoge el caso de la Innovation University.
Se trata de una iniciativa de fusión de tres centros universitarios (con rango de universidades) especializados en economía, arte y diseño, y tecnología. El objetivo es ofertar unos currículos extraordinariamente competitivos y únicos en el ámbito europeo y convertirse en un líder mundial en este tipo de nuevas disciplinas, con una demanda potencial muy fuerte en los próximos diez años.
Pasemos al diseño del aula del futuro en el MIT y algunas de sus connotaciones. Superado el dilema entre la clase presencial y la clase virtual, el plano del aula recogida más abajo bien podría ser una buena síntesis:
Se trataría de un modelo de clase que contempla el trabajo en equipo, al tiempo que integra, a nivel de grupos pequeños, las nuevas tecnologías. El estatus del profesor y su papel en el aula ha cambiado considerablemente. El concepto de grupo, trabajo en equipo, coordinación, empleo de nuevas tecnologías… Estos factores en esta aula parecen asemejarse más a la estructura y metodología de trabajo en una empresa.
B) La oferta y demanda de investigación e internet. Universia, una red de más de 1.100 universidades socias en doce países de habla hispana y portuguesa, impulsa Innoversia, una plataforma en internet que difunde y da cobertura de servicios a una demanda y oferta internacional de tecnología e investigación aplicada. Los investigadores y las empresas de todo el mundo publican sus ofertas y demandas en una base de datos llamada a constituir una fuente de transferencia de tecnología relevante para el futuro y acreedora de ayudas e incentivos oficiales en los diferentes países.
Tradicionalmente la transferencia de tecnología entre universidades y empresas se ha visto limitada por restricciones geográficas derivadas de la no confluencia entre las necesidades específicas de un tejido económico local y las ofertas y respuestas de las universidades de su entorno. Innoversia, a través de internet, globaliza la oferta y la demanda haciendo posible acercar las necesidades de innovación tecnológica de las empresas con las capacidades y ofertas de los investigadores y científicos de más de 1.100 universidades de catorce países.
D) OpenCourseWare: una nueva filosofía educativa: los recursos docentes en abierto. El MIT planteó un proyecto pionero a principios de esta década cuyo objetivo esencial era volcar en un sistema abierto a través de internet todos los recursos docentes de sus profesores. El proyecto abarcaba todas las asignaturas cursadas en las titulaciones de esta prestigiosa universidad. Hoy en día esta iniciativa del MIT se ha convertido en un movimiento mundial: el OCW Consortium, una de las experiencias llamadas a ser revolucionarias para la calidad de la enseñanza universitaria y para la globalización del conocimiento.
Casi con toda seguridad, a la hora de incrementar la calidad docente universitaria, iniciativas como las del OCW quizás llegaran más lejos, con el apoyo de su difusión en un medio como internet, que la maraña de regulaciones burocráticas gubernamentales y universitarias existentes sobre esta cuestión.
E) Para finalizar
En resumen, esta ínfima muestra de iniciativas nos muestra que algunos proyectos de reforma o de políticas activas oficiales en estas materias pueden verse sobrepasados por la velocidad de los cambios y la capacidad de instrumentar nuevos proyectos e iniciativas en todo el mundo y en un marco amplia movilidad propiciado por la globalización.
Aparte de la aplicación de recursos financieros destinados a favorecer líneas anteriormente expuestas (calidad de la educación, atracción de talento, desarrollo de sectores estratégicos de futuro, investigación competitiva y socialmente productiva, etc.) hay también otras cuestiones que se erigen como fundamentales y que proceden de un mundo cambiante, innovador y con una capacidad creativa derivada de la difusión masiva de información a través de internet.
Quizás de todo esto se deduce que un aspecto importantísimo para un país es crear una cultura proclive al cambio y al valor de la sociedad del conocimiento en el marco de las exigencias de la globalización, así como un modelo descentralizado en la toma de decisiones, la incorporación de innovaciones dentro de ambiciosos objetivos generales y una política de incentivos y desincentivos a los agentes económicos (empresas, universidades, gobiernos regionales y locales, etc.).
Con todo lo dicho, estar entre los países más avanzados exige plantearse un cierto liderazgo, estableciendo objetivos ambiciosos y unas vías de exploración de las mejores practicas de los competidores. En suma, una menor dependencia de terceros, aunque manteniendo una observación inteligente. Pero el problema de nuestro país, al igual que de otros países europeos, es que todavía quedan asignaturas pendientes y notables debilidades que nos separan de lo que podríamos denominar un “umbral de rentabilidad” para la instrumentación de políticas activas propias a favor de la sociedad del conocimiento. De esta forma, mientras que no resolvamos las cuestiones más elementales, haremos bien estando pendientes de las buenas prácticas de terceros.
Andrés Pedreño Muñoz
Globalización y sociedad del conocimiento
Este es un borrador-resumen del articulo publicado en el libro "Globalización en el siglo XXI: retos y dilemas". Para su versión íntegra consultar el citado libro.
miércoles, diciembre 31, 2008
Relevancia territorial, clave para el futuro de la economía alicantina
Publicado en la Revista de la Cámara de Comercio de Alicante (Diciembre de 2008)
Forma parte del plateamiento y enfoque de la metodología del proyecto "Alicante Horizonte 2020" (Plan Estratégico desarrollado por el Instituto de Economía Internacional de la Universidad de Alicante y encargado por la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Alicante).
Los especialistas han sido testigos en los últimos años de la capacidad de la economía alicantina para superar cambios y transformaciones estructurales muy importantes. De hecho, ya queda poco de aquel modelo productivo alicantino que predominaba en los años sesenta y principios de los setenta. Se han superado etapas de fuerte desindustrialización y progresivamente se ha avanzado en la terciarización, la innovación y la internacionalización de la actividad productiva.
La provincia alicantina ha mostrado en los últimos cincuenta años que su capacidad empresarial es uno de sus principales activos. Y pese a al entidad de algunos cambios y retos pasados (integración en Europa, pérdida de ventajas salariales, declive de industrias maduras…) los empresarios han sido diestros a la hora de encontrar nuevas vías para proseguir su crecimiento económico.
El marco actual que nos define la globalización, las nuevas tecnologías y la sociedad del conocimiento exigen nuevos esfuerzos de modernización y transformación derivados de las exigencias que provienen de estos ámbitos. Ser competitivo en el marco de la globalización y de la sociedad del conocimiento es mucho más complejo y difícil en términos de competitividad empresarial. Es un reto que marcará a las nuevas generaciones con métodos, estrategias, cambios, incluso una mentalidad bien diferente en lo relativo a la forma de hacer negocios.
Por si fuera poco, se superpone una situación actual ciertamente enrevesada y dificultosa, derivada de una coyuntura caracterizada por una gran crisis financiero –inmobiliaria que ha sobrepasado a las respuestas y medidas que hasta la fecha han ido tomando los responsables institucionales de todo el mundo..
La economía alicantina ante la globalización: reivindicar su peso demográfico y económico
Sin infravalorar otros problemas, sí hay un claro dilema en cuanto al alcance o ambición del modelo alicantino de cara a las próximas décadas. Un ser o no ser en el ámbito de las exigencias de la globalización.
La globalización, el amplio marco de la Unión Europea, la beligerancia de los nuevos países emergentes (especialmente aquellos de mayor tamaño: China, India, Rusia y Brasil), le confiere a la escala y relevancia territorial una importancia decisiva y componente estratégico de primera magnitud.
Al respecto, la estrategia más sólida para Alicante -al igual que para Valencia-, es tratar de incrementar su relevancia y atractivos territoriales dentro de la gran Diagonal Europea y aspirar a ser referente europeo en términos de población y actividad económica. Desde esta perspectiva el reciente avance demográfico de la provincia alicantina deben ser vistos más como una oportunidad que como un problema.
El riesgo de Alicante ser concebido como un espacio territorial “mediano” en el entorno de nuestra propia Comunidad Autónoma y de España nos dejaría relegado a una base económica bastante limitada; sustentada únicamente por un espacio turístico y complementada por un tejido industrial y una terciarización dimensionada hoy en gran medida por la propia actividad inmobiliaria y constructora.
La provincia de Alicante debe ser vista desde la perspectiva de su potencial económico y poblacional. Alicante supera en estos términos a todas las provincias españolas que ostentan capitalidad de Comunidad Autónoma, con la excepción de Madrid, Barcelona y Valencia. Sin embargo, no se ha visto favorecida por las inversiones y actuaciones públicas en la medida que lo han sido Bilbao, Zaragoza, Sevilla u otras capitalidades de Comunidades uniprovinciales.
Al igual, que observamos cómo España reivindica su peso e influencia entre los países más poderosos económicamente (G-8, G-20…). La Comunidad Valenciana debería defender una relevancia territorial estratégica para España en el eje mediterráneo y la diagonal europea a través de la confluencia y suma de Valencia y Alicante: tercera y cuarta provincia española en términos de PIB y población.
Una estrategia territorial inteligente para la Comunidad Valenciana debería pasar por la defensa del desarrollo del Eje Mediterráneo y su integración como espacio relevante de actividad económica en la Diagonal Sur Europea. Algo que beneficiaría a las tres provincias de la Comunidad Valenciana.
Hasta ahora, una gran parte de los esfuerzos públicos han ido encaminados en pos de incrementar los atractivos de Valencia ciudad, esto le ha conferido un liderazgo y atractivo urbano incuestionable a la capitalidad de nuestra Comunidad Autónoma. Sin embargo, en términos de macrocefalias urbanas españolas es una vía agotada, dada la distancia que le separa de Madrid y Barcelona. Incluso desde la óptica estrictamente mediterránea esta apuesta nos dejaría siempre en desventaja con respecto a Barcelona y, en todo caso, tendría unos efectos bastante limitados para el resto del territorio valenciano.
Alicante y su capacidad de atracción
Las exigencias de la globalización y de la sociedad de conocimiento deben fomentar una conciencia territorial tendente a hacer valer el peso económico y demográfico de Alicante (sumado al de Valencia) que le permita disputar un protagonismo locacional muy relevante en términos de atracción y generación de riqueza económica.
Aparte de la relevancia inmobiliaria, y la necesidad de concentrar grandes esfuerzos a corto plazo para reactivarla, la economía alicantina debe aspirar a medio y largo plazo a posicionarse en la economía del conocimiento y fomentar el desarrollo de nuevas tecnologías asociadas a su tejido productivo dentro de los atractivos locacionales del Eje Mediterráneo.
Esto tiene importancia a efectos de muchas de nuestras empresas, infraestructuras e iniciativas: nuestro aeropuerto (uno de los principales activos), nuestra política tecnológica, nuestra oferta urbana y el desarrollo de servicios especializados, la actividad financiera, etc.…
Hoy es una cuestión de relevancia territorial lo que explica la captación y desarrollo de servicios especializados avanzados y de empresas relacionadas con los sectores de conocimiento. Este concepto de relevancia territorial necesariamente tiene que ir acompañado de políticas activas de un amplio espectro que aprovechen el mencionado potencial demográfico y económico de Alicante. El Plan Horizonte 2.020 es una buena base de ideas contrastadas por las empresas con iniciativas que merecería la pena instrumentar.
Un marketing efectivo de la relevancia territorial alicantina
Si hiciéramos una encuesta entre empresas nacionales e internacionales –incluso entre ciudadanos no residentes que son demandantes de viviendas en nuestra provincia por motivos de ocio o inversión-, probablemente muy pocos no situarían como cuarta provincia en volumen población dentro de España.
Una de las razones de esta invisibilidad es que la relevancia demográfica de Alicante capital se sitúa por debajo de bastantes ciudades españolas. Habría pues la necesidad de proyectar el potencial conjunto de Alicante – Elche: un marketing conjunto que pusiera en evidencia el potencial que representan ambas ciudades y el conjunto de la provincia de Alicante en España y Europa.
La percepción exterior es importante desde la perspectiva de captación de inversiones y atracción de demanda inmobiliaria. Al respecto, el conjunto urbano de Alicante y Elche representan más de medio millón de habitantes, tres universidades, uno de los aeropuertos españoles más importantes en tráfico aéreo internacional, una oferta educativa y sanitaria importante, un Parque Industrial de los más importantes del mediterráneo español (Elche), una oferta cultural Patrimonio de la Humanidad, y uno de los mayores atractivos territoriales para residentes europeos, consolidado durante décadas.
Este tipo de marketing es importante, puesto que las ciudades desempeñan un papel clave en el ámbito de la globalización. Alicante y Elche por separado no son capaces de entrar en el tamaño “visible” a una escala global. Aunque su gestión política y administrativa sea independiente, su venta, su marketing debería ser conjunto en beneficio de ambas ciudades y de una provincia que necesita ser vista en consonancia con el peso total de su PIB, su población y su crecimiento.
Este marketing es útil desde la perspectiva de atraer nuevas inversiones ligadas al conocimiento o incluso mejorar nuestra imagen como espacio de futuro de cara a reactivar nuestra demanda inmobiliaria y otras vertientes de actuación importantísimas para el futuro de Alicante (tecnologías de la construcción, capitalidad financiera, etc.)
Para concluir, no se trata una cuestión de imagen, sino de propiciar actuaciones públicas y privadas coherentes con el potencial del territorio alicantino, algo que como se decía al principio será decisivo para los próximos años.
jueves, octubre 09, 2008
Estudiantes formados para la globalización
Francisco Javier Díaz, periodista del diario El Nuevo Día de San Juan (Puerto Rico) me pregunta antes de las vacaciones veraniegas sobre el perfil de los nuevos estudiantes de cara a la globalización.Los rápidos cambios que en todos los órdenes acontecen en el mundo. La supresión de barreras comerciales y financieras entre países lleva a la pregunta de cómo debe ser la formación de los estudiantes que aspiran a trabajar con éxito en empresas multinacionales de un mundo cada vez más global
No es fácil desde nuestras universidades pensar en términos de la formación que demanda un "perfil de estudiante con visión internacional". En todo caso, y pese a los riesgos incurridos he aquí las respuestas:
El estudiante con visión internacional debe tener:
1. Explotar con habilidad las herramientas de las nuevas tecnologías. Un dominio absoluto de las herramientas que definen la sociedad de la información y las nuevas tecnologías de la comunicación. Capacidad para impulsar con antelación aquellas ideas que se introducen en Internet (ejemplo: publicidad contextual y redes sociales especializadas, entre otras).
2. Creatividad competitiva. Una capacidad creativa, generadora de ideas competitivas internacionalmente y con conocimientos para llevar a cabo eficientemente gestiones de proyectos, de ideas y de estrategias, entre otros.
3. La multiculturalidad como activo. Una mentalidad receptiva y comprensiva de los valores de la multiculturalidad. Conocimientos específicos (idiomas y culturas de países, entre otros), aparte del mundo hispano y anglosajón, para operar en dos países que serán hegemónicos: China e India.
4. Saber trabajar en equipo. Actitudes para trabajar en equipo, la negociación y una movilidad geográfica potencial relevante.
5. Flexibilidad y capacidad para aprender nuevos conocimientos. Adaptabilidad profesional para aprender nuevas técnicas y conocimientos. Entender la sociedad del conocimiento y las vertientes de la innovación.
6. Ética empresarial. Toma de conciencia de la ética empresarial y de la imagen de credibilidad como valores internacionales más sólidos dentro de los esfuerzos de los gobiernos corporativos de las grandes empresas.
7 . Mentalización y adaptación al cambio. Una mentalización abierta para adaptarse a fuertes cambios y a un entorno muy competitivo donde pensar a escala global es una exigencia ineludible.
8. Capacidad de prospectiva tecnológica. Una mentalización y capacidad para hacer prospectiva en términos de escenarios económicos internacionales y conocimiento anticipado de las futuras olas tecnológicas (biotecnología y nanotecnología, entre otros).
9. El dilema local-global. Pensar globalmente, actuar localmente.
10. Saber negociar. Capacidad para negociar, establecer alianzas, compartir y explotar conocimiento.
Original en papel (pdf): Perfil del estudiante con visión internacional
viernes, abril 13, 2007
América Latina y España
América Latina y EspañaEs difícil contestar a esa pregunta. Sin duda hay muchos argumentos y razones para decir que sí. Pero a la hora de concretar esa responsabilidad histórica, si atendiéramos al devenir histórico del últimos siglo, sería hoy realmente complejo especificarla y desarrollarla, especialmente desde los puntos de confluencia o divergencia política entre estados independientes.
Más que de responsabilidad histórica, habría que hablar hoy, en mundo globalizado, de nuevas potencialidades comúnes: proximidad y acervo cultural común, convergencias de intereses y proyectos económicos y fomento de la solidaridad. Esta última más en función de las dos primeros (cultura e intereses económicos) o de una perspectiva global que de responsabilidad histórica.
¿Cual es la percepción que a su juicio tiene la generalidad de los latinoamericanos de España? ¿Madre Patria o Potencia Colonizadora? ¿Depende del país o de los estratos sociales?
No hay datos rigurosos al respecto y sí muchos tópicos. Esa percepción varia país a país e incluso esa apreciación varía históricamente dependiendo del momento político que vive ese país.
Nuestras actuales políticas de inmigración o los beneficios de las inversiones españolas en América Latina, bien merecerían un esfuerzo en aras a mejorar la percepción ciudadana en América Latina del actual papel de España en el mundo. Para información complementaria Ver: http://blogs.epi.es/tecnologia/2007/04/08/la-imagen-de-espana-en-el-exterior/
En algunos estratos sociales la visión de España ha cambiado significativamente en positivo a través de iniciativas que creo van en una correcta dirección: alianzas entre rectores de las universidades (Universia, más de mil universidades socias en once países), movilidad e intercambio (becas de estudiantes universitarios para completar estudios en España) la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (alianzas con las Bibliotecas Nacionales y el mundo literario, entre España y América Latina) o multitud de proyectos de colaboración educativos e interuniversitarios.
¿Cree que Latinoamérica y España comparten algo más que el idioma? ¿Tenemos algo más en común que los vínculos históricos?
La apuesta de España por invertir preferentemente en América Latina (frente a otras áreas emergentes muy potentes: Asia, Oriente Medio...) y la inmigración latinoamericana a España es una evidencia clara de que, tomando como base el idioma, los ciudadanos, en ambas partes, tienen un sentimiento de proximidad y una vinculación real que se lleva a la practica de forma relevante y a gran escala en nuestros días.
Sí parece interponerse algunas veces una “inercia política histórica” a la hora de traducir correctamente en proyectos, iniciativas etc. la actual base que une América Latina y España.
Esto en cambio, por ejemplo, no sucede con el mundo universitario, donde en la medida de las posibilidades de las universidades y de los universitarios se desarrollan proyectos de colaboración muy interesante y que pueden tener gran trascendencia en la sociedad de la información y del conocimiento (CUIB, Universia, etc).
El Papel de España en la Colonización de Latinoamérica, a su juicio, fue ¿enriquecedor o destructor?
Creo que corresponde a los especialistas en historia responder a esa pregunta. Sin embargo, si me atrevo a sugerir que sería muy positivo el intento de escribir una interpretación histórica más convergente, donde la empatía tuviera correspondencia con el rigor y la subjetividad de la interpretación de los hechos históricos.
Haría falta más intercambio de documentos, interpretaciones, trabajos, investigaciones entre historiadores. Nuestros historiadores deberían poner más énfasis en los errores de la colonización, y los de América Latina quizás deberían interpretar el pasado desde una óptica de contextualización más general menos “local”.
También me atrevo a afirmar que conforme avance el desarrollo de América Latina, esta tomará una mayor conciencia del papel enriquecedor de España y Europa en América. Es lo que ha ocurrido en España y la percepción positiva de la cultura e influencia árabe tras ocho siglos en la Península Ibérica.
¿España realiza suficientes tareas de cooperación en Latinoamérica?
La realidad latinoamericana por su extensión y complejidad desborda cualquier iniciativa de cooperación y la hace claramente insuficiente.
No obstante, hay que destacar el énfasis actual con el que empresas y organizaciones no gubernamentales españolas llevan a cabo actividades de cooperación y proyectos en general en América Latina. En mi opinión en materia de educación superior –con la ayuda de las empresas- se están alcanzando niveles que sobrepasan al mundo anglosajón. Antes he citado a Universia, proyecto que conozco bien y puedo decir que es único en el mundo, sin referente en el ámbito anglosajón.
Creo que esa es la línea más acertada. Ayudar y vincular son dos conceptos que deberían ir estrechamente unidos. A las enormes ayudas que proporciona una entidad privada como el Grupo Santander en América Latina (favoreciendo por ejemplo la movilidad de los estudiantes a gran escala, o programas nacionales de educación superior muy diversos en países concretos: Argentina, México...), se superpone una acertada vinculación a una red coparticipativa de universidades socias para impulsar proyectos conjuntos, desarrollar iniciativas ligadas a la sociedad de la información, etc.
La situación general actual en América Latina, ¿es consecuencia directa del Imperialismo, o se debe, más bien a una mala gestión interna, o sería una mezcla de ambos factores?
Son muchos los factores que explican la situación actual de América Latina. Hay que huir de simplificaciones, puesto que nos llevarían a un diagnóstico erróneo o a políticas simplistas cuya aplicación ha causado una daño enorme a determinados países a lo largo de las últimas décadas (algunas de ellas con el aval de los organismos internacionales: FMI, Banco Mundial, etc).
La situación crítica que afectó a Argentina hace unos pocos años, o la situación política de algunos países está en gran medida vinculada a una percepción simplista sobre el Imperialismo o la gestión...
La realidad país a país varia mucho y hay una enorme complejidad a la hora de identificar la situación actual de cada uno de ellos, aunque se puedan admitir ciertos elementos comunes en toda el área geográfica. Me refiero por ejemplo a que la situación entre países como Chile, Argentina, México, Brasil o Venezuela es en estos momentos bastante dispar.
España tiene excelentes expertos y conocedores de América Latina que hoy trabajan activamente en la región con un diagnóstico muy preciso y acertado que ayuda a las empresas a tomar iniciativas correctas, incluso me atrevería acertar que con mucho mayor acierto que las que han venido tomado las empresas norteamericanas a lo largo de los últimos cien años.
¿Qué piensa de los procesos de integración en América Latina? ¿Son realistas?
Los procesos de integración a largo plazo se irán redefiniendo e imponiendo de forma progresiva. En todos los procesos de integración hay altibajos, incluso los que citamos a menudo como referentes.
La globalización de la economía mundial, la sociedad de la información y del conocimiento, propician estos procesos de integración. La estabilidad en el crecimiento que se viene observando en los últimos años también. Si se mantienen ambos factores los procesos de integración caminarán hacia delante con las redefiniciones que sean necesarias.
Las políticas más nacionalistas encontrarán a corto plazo las limitaciones y contradicciones que la historia económica se ha encargado de identificar claramente en los modelos de desarrollo de los cinco continentes.
Cuestionario de preguntas a Andrés Pedreño de Marga Dorao. Master en Relaciones Internacionales. (Tesis sobre la responsabilidad de España en el desarrollo de América Latina)
jueves, enero 11, 2007
Entrevista sobre Nanotecnología y Construcción
Desde el punto de vista económico, ¿cómo va a afectar a la
construcción una futura aplicación de la nanotecnología?
A corto plazo es presumible que aparezcan productos asociados a los
avances en nanomateriales (pinturas, revestimientos), y otras vertientes
(sensores, materiales autolimpiables tales como cristales, materiales
autoreparables o resistentes al desgaste, herramientas de diagnóstico,
ahorros energéticos, etc). También son prometedores los desarrollos
potenciales de materiales de construcción básicos con prestaciones más
potentes (acero, etc.) Sin embargo, el alcance de esta fase en la que nos
encontramos actualmente -y que perdurará aún bastantes años- tendrá un
alcance limitado con impactos puntuales y mejoras progresivas en el
rendimiento de materiales muy específicos. Otra cosa es pensar en un
horizonte a más largo plazo en el que se solucionen problemas muy complejos
de la nanociencia y la nanotecnología molecular, en esta fase las
posibilidades serían ilimitadas y no sólo para la construcción.
-¿Aproximadamente cuanto tiempo habrá que esperar para que la
nanotecnología en la construcción sea rentable?
La producción de nuevos materiales en los que interviene alguna suerte de
técnica nanotecnológica puede ser perfectamente rentable en la actualidad. Y
como cualquier avance tecnológico potencialmente relevante, el sector de la
construcción debe estar al día en estos temas evaluando la aplicabilidad y
rentabilidad de nuevos materiales o productos. Ahora bien, si hablamos de
la revolución nanotecnológica de tipo drexleriano, los expertos no se llegan
a poner de acuerdo en los plazos. Algunos escépticos hablan de más de 20
incluso 30 años, los más optimistas señalan diez años. En todo caso, de
alcanzarse las prediciones y potencialidades de la nanotecnología molecular
la espera habrá merecido la pena... Un sector como la contrucción quizás
deberá redefinirse de arriba a abajo. Cambiará radicalmente la foma de
construir, los materiales a emplear, sus prestaciones, etc. Es difícil
aventurarlo, hacerlo podría parecer un ejercicio de ciencia ficción, pero no
habrá construcción sin nanotecnología.
- ¿Es un buen negocio para invertir?
La nanotecnología es probablemente una inversión a largo plazo pero
también con resultados potenciales específicos a corto. Está considerada la
próxima "nueva ola tecnológica" con un alcance superior, según algunos
especialistas, a Internet y la sociedad de la información. La inversión
actual tiene fuertes componentes de investigación básica, pero con avances
en aplicaciones concretas muy prometedoras. Es aquí donde algunas empresas
internacionales, invirtiendo fondos oficiales y de capital-riesgo, están
logrando patentes en campos muy diversos con explotación rentable de algunos
productos en los mercados actuales. La nanotecnología requiere de
planteamientos interdisciplinares y de una colaboración activa entre la
investigación básica (universidades y otros centros) y la aplicada
(empresas). Sería importante que desde esferas gubernamentales se potenciara
una una mayor colaboración universidad -empresa a todas luces imprescindible
en este campo, como base para facilitar la inversión. Con estas premisas,
quizás sea un buen negocio para invertir en estos momentos... A largo plazo,
ni la menor duda de que será el mejor negocio para invertir.
- ¿Cómo cree que las empresas constructores recibirán esta nueva
tecnología?
Probablemente los avances serán lo suficientemente progresivos como para
concienciar a las empresas constructoras de que sus incrementos en la
competitividad, productividad, abaratamiento de costes dependerán de su
grado de asimilación de los avances en nanotecnología. Sin embargo, la fase
más avanzada quizás requiera de esfuerzos mucho más importantes a la hora de
asimilar un salto tecnológico de una extensión ciertamente fuera de una
comprensión actual, por tanto muy difícil de predecir. La formación de
especialistas en nanotecnología aplicada a la construcción será fundamental.
Será un recurso imprescindible para tomar decisiones tecnológicas y
empresariales correctas.
Entrevista a Andrés Pedreño en la Revista Dinero.
Ver: Nanotecnología aplicada a la Construcción en Dinero.
jueves, diciembre 28, 2006
El fenómeno de las low cost
Entrevista a Andrés Pedreño sobre el fenómeno de las compañías de bajo coste (low cost).
El Correo - Bilbao
Valoración sobre el fenómeno de las 'low cost', en crecimiento de unos años acá en España y Europa.
Las aerolíneas low cost representan actualmente una revolución en los medios de transporte y de las conexiones entre ciudades y países en la Europa. Su incursión y desarrollo en el transporte aéreo favorecen los movimientos turísticos a gran escala, incidiendo en el comercio, los negocios e incluso la venta de propiedades, etc. El transporte de las low cost está contribuyendo a vertebrar mejor el espacio europeo, potenciando la movilidad y el intercambio en general y rompiendo las barreras de derivadas de la distancia a través de conexiones a muy bajo precio. La nueva gestión de compañías que ofertan vuelos baratos supone una innovación en la gestión y uso de las nuevas tecnologías que incluso trasciende más allá del propio sector. .
En España el concurso de las low cost está transformando el espacio aéreo español, con el desarrollo de vuelos en aeropuertos secundarios y en ciudades pequeñas. Además hay que agregar la implantación de vuelos baratos en entornos turísticos a través de las principales compañías de referencia de bajo coste europeas que operan de forma intensiva en la mayoría de los aeropuertos (Baleares, Canarias, Costa Brava, Málaga, Alicante...) o incluso el nacimiento de aerolíneas españolas pertenecientes a esta tipología: Vueling, Clickair. Todos estos factores explican una tendencia de crecimiento realmente espectacular en los últimos años y la consolidación del modelo de las compañías low cost.
¿Lo consideras un fenómeno, como yo te planteo?
Sí, en cuanto representa un modelo de gestión particular, que nace y se desarrolla en un marco de dominio del mercado de las líneas aéreas tradicionales, con un crecimiento espectacular y con implicaciones importantes como he dicho antes. Insisto en que muchos expertos señalan que la mayor innovación en Europa durante los últimos años no está relacionada con la tecnología aereoespacial, sino con los vuelos baratos y la creación de nuevos mercados utilizando modelos de negocio radicalmente diferentes de los que guían a las aerolíneas tradicionales. Algunos datos muestran que, por ejemplo, alrededor del 60 % de los pasajeros de los vuelos nacionales del Reino Unido, y de los vuelos procedentes del Reino Unido y de otros países de la Unión Europea, utilizan líneas aéreas de vuelos baratos o bajo coste.
¿Qué crees que es lo más llamativo en la forma de negocio que caracterizaa las 'low cost'?
Hay varios aspectos muy llamativos. Por ejemplo, el uso de Internet en la comercialización de las plazas, las ofertas especiales de vuelos a precios exageradamente bajos, su uso eficiente como herramienta publicitaria, la racionalización de la gestionen todas las vertientes, una reingeniería de los procesos ahorradora tiempo y coste, mantenimiento, formación, uso intensivo de medios, etc
¿Qué fallos y qué aciertos le ves a este modelo de negocio?
Le veo más aciertos que fallos. Entre los aciertos, aparte de los muy atractivos precios y la ampliación de la clientela, son muchas las ventajas para el cliente: ahorros en los trámites de embarque, reserva y comercialización de vuelos, primando el uso de Internet y simplificando los procedimientos (compra directa, desintermediación), inexistencia de papel (embarque enseñando el pasaporte o documento de identificación del viajero), etc. Las ofertas online suelen ser muy agresivas (incluso vuelos casi gratis) en periodos de baja estacionalidad, propiciando mayor ocupación hotelera o del sector turístico en temporadas bajas. Cada plaza, de cada vuelo, en cada fecha, ajusta su precio a la oferta y demanda y a la captación potencial de viajeros. Hay un uso inteligente de las nuevas tecnologías utilizadas para adaptarse rápidamente a las circunstancias en cada momento...
Los fallos vienen derivados de proyectos empresariales con escasa solvencia a la hora de abordar la compleja operativa y eficiencia que exigen las low cost.
¿Crees que el crecimiento de este tipo de compañías, en parte, se debe ala erosión en la cuota de las compañías tradicionales?
Es difícil precisar la cuantía, pero las cifras de crecimiento en términos relativos de las compañías de vuelos baratos, en comparación con las tradicionales, muestra que efectivamente están absorbiendo una gran cuota en el crecimiento de la demanda y en algunos casos restando claramente mercado a las aerolíneas tradicionales.
¿Crees que los vuelos baratos, además de atraer pasajeros, generan demanda?
Por supuesto que sí. compañía como Ryanair o Esayjet han creado numerosos nuevos vuelos entre ciudades de tipo medio, que antes no existían, fomentando con esto una revitalización turísticas. También en el acceso barato y rápido a segundas residencias los vuelos baratos desempañan un papel fundamental, animando el mercado inmobiliario de muchas zonas turísticas. El factor precio ha permitido ampliar sustancialmente los mercados, ampliando el número de viajeros potenciales y reales.
Dado el éxito que tienen las compañías aéreas de bajo coste, ¿por qué las grandes aerolíneas de bandera no adoptan para sí este modelo? (De forma generalizada)
Aunque tarde, el caso de Iberia con Clickair constituye una muestra de que las compañías no tendrán más remedio que hacer frente a esta realidad. Quizás la principal razón es que resulta difícil la convivencia de ambos modelos de negocio -low cost y tradicional- dentro de una misma gran aerolínea de bandera. De coexistir la segunda afectaría negativamente a la primera. Hay en muchos casos una escasa flexibilidad en las estructuras y costes de las grandes compañías que impide responder a la competencia de las low cost.
¿Cómo ves el futuro de las 'low cost'?
Es previsible que continúen creciendo en la medida que puedan absorber nuevos nichos asociados a unos precios extraordinariamente bajos, al tiempo que siguen restando cuota de mercado a las aerolíneas tradicionales. No obstante, es previsible que a medio plazo queden en el mercado tan sólo unas pocas compañías de vuelos baratos, dado que los niveles de competencia vía precios son extraordinariamente fuertes.
Air Madrid no era una compañía de bajo coste pero sí de vuelos baratos,por los precios que ofertaba. ¿Crees que es el ejemplo de que el modelo 'low cost' para largas distancias es imposible, como le ha sucedido a Air Madrid?
Es difícil ofertar vuelos baratos si no se sientan previamente las bases que permiten ofertarlos y que son los que definen precisamente a las low cost. El mercado de las largas distancias es el más complejo y no resulta fácil asumirlo por las compañías de bajo coste. Fundamentalmente el motivo se centra en la dificultad de extrapolar las condiciones de las ofertas de vuelos de menos de dos horas de duración a vuelos más largos. Las razones van desde la necesidad de servicios complementarios (frills), la no utilización exhaustiva de las aeronaves más allá de lo que permite el largo recorrido, etc. A esto hay que sumar otras razones importantes: necesidad de flotas muy homogéneas, capacidad para hacer un uso eficiente de Internet en la comercialización e general y las ofertas especiales temporales, entre otras. Habrá que estar a la expectativa de modelos como el de Virgen Airlines que intenta compatibilizar rutas de larga distancia (no precisamente baratas) con el mercado doméstico europeo de vuelos baratos.
¿Qué crees que ha fallado en Air Madrid? ¿Qué aspectos no se ataron bienpara acabar así?
En la caso de Air Madrid han concurrido una mezcla de factores adversos que explicarían su fracaso. A su difícil apuesta en el mercado de largas distancias, hay que unir sus problemas de solvencia y una comercialización escalable en Internet que le hiciera consolidar posiciones en el mercado de rutas más domésticas, esto dejando aparte otros problemas de gestión.
Información adicional sobre las compañías de bajo coste (low cost)
- Innovación en la aviación mundial y globalización
- La revolución de los vuelos baratos e Internet
- La publicidad online aplicada al turismo y a la empresa
- Vuelos baratos
lunes, junio 12, 2006
La economía del conocimiento
Nuevos retos de la economía alicantina: la economía del conocimientoArtículo publicado en el diario Información
La firma PriceWaterHouseCoopers ha editado conjuntamente con la ESIC un libro titulado “Hacia una economía del conocimiento”, dirigido por María Barceló y con un interesante prólogo de Karl-Erik Sveby. La edición ya es muy significativa por sí misma, si consideramos que este tipo de iniciativas por parte de las consultoras desea propiciar una imagen de solvencia y capacidad para dar respuestas innovadoras y de futuro a las empresas.
Aparte de recomendarles el libro, este artículo obedece a un doble motivo. Por una parte, el reciente interés que dirigentes empresariales de la economía alicantina han manifestado en relación con el desarrollo de actividades productivas basadas en el conocimiento con el objetivo de afianzar el crecimiento y competitividad de la provincia, tal como recogía este diario hace unos días. En segundo lugar, la necesidad de ir alcanzando un cambio cultural general hacia nuevas técnicas y hábitos de gestión empresarial más avanzadas.
Viejos y nuevos estilos de gestión empresarial
Hace muy pocos años oía frecuentemente a gestores de empresas, aquella manida expresión: “la información es poder”. De esta premisa algunos deducían que la administración dosificada y controlada convenientemente por parte del poder propiciaba un mayor y más cómodo gobierno jerárquico de la actividad empresarial, de sus equilibrios, etc. Incluso los conceptos de “patente” o de derechos de copyright tradicionales participan de una compartimentación del conocimiento y de una filosofía similar. En resumen, la información y el conocimiento eran dosificados y segmentados convenientemente y a discreción de los directivos de la empresa o de las instituciones...
Pero las cosas cambian. Este curso me propuse hacer copartícipes a mis alumnos de la asignatura “Economía de la Globalización” de los nuevos estilos de la denominada “gestión del conocimiento”. Para esto les recordé una frase de G. B. Shaw: “If you have an apple and I have an apple and we exchange these apples then you and I will still each have one apple. But if you have an idea and I have an idea and we exchange these ideas, then each of us will have two ideas”. Que viene a decir, en traducción libre: “si intercambias una manzana, seguirás teniendo una manzana, pero si intercambias una idea, tendrás dos ideas”. Efectivamente, hoy se sostiene que el conocimiento crece cuando se comparte. La revolución del “código abierto” en el software, ha puesto de relieve algo que es lógico desde cualquier punto de vista racional. Hoy, empresas como Google, IMB, etc. saben de las capacidades de una comunidad internacional no organizada que logran avances muy productivos a nivel mundial gracias a que comparten sus conocimientos y progresos.
Retomando el principio del artículo, se impondría un cambio de cultura, un nuevo estilo de la gestión dentro de cada unidad empresarial.. Este estilo tendría que tomar en consideración factores como el feedback de los clientes, la potenciación de las redes de conocimiento intra e inter-empresariales y, sobretodo, gestionar el “ambiente” del conocimiento.
Este último concepto me aventuro a afirmar que será clave en los próximas décadas y dotará de ventajas competitivas muy relevantes a aquellas empresas que sepan encauzar eficientemente tal gestión.
Google y Microsoft
.Hoy la diferencia entre el nuevo y viejo estilo se escenifica internacionalmente en dos grandes compañías: Google y Microsoft. En la primera, la motivación salarial pasa un segundo plano. Además, Google aplica políticas como, dejar a sus empleados un porcentaje de su tiempo para desarrollar ideas propias, mezclar inteligentemente los despachos de sus directivos con trabajadores, desarrolladores, el departamento de I+D, etc., compartiendo preocupaciones y tiempo libre en la máquina de café... En los tres últimos años Google avanza a un ritmo que a Microsoft le cuesta trabajo asimilar, pese a su ventajosa posición de partida como cuasi monopolio y su incontestable y solvente posición mundial en la comercialización de software propietario o cerrado.
Quien iba a decirnos que la gestión del conocimiento más eficaz empezaría realmente a través de la forma en la que distribuimos los despachos, promovemos el aprendizaje, reconocemos los méritos, y destruimos las barreras que impiden el intercambio del conocimiento. Podríamos llegar más lejos, por ejemplo, ¿qué director general estaría interesado en retomar la selección de personal, delegada en su confortable y convencional departamento de recursos humanos? .
Sin ir tan deprisa, algunos de estos nuevos valores de la gestión pueden ser aplicados al software, la nanotecnología, el calzado, la construcción, la agricultura, etc. por cualquier empresa ávida en hacer del conocimiento un activo relevante. Pero no hay que engañarse con premisas autocomplacientes.
La autocomplacencia
Puede confundir el hecho de que la gestión de conocimiento en sentido estricto y del capital intelectual entrara muy tempranamente en crisis para dar paso a la concepción actual que pone énfasis en la mencionada creación de entornos que permitan a todas las personas crear conocimiento, entre otras vertientes de actuación.
El riesgo del inmovilismo empresarial viene de lo que Sveiby califica como “la combinación de inversión en tecnología y una pizca de ingeniería social persuasiva”. Efectivamente, esta sería la fase de autocomplacencia en la que podrían estar muchas empresas españolas, soportando con resignación un “sarampión” más que una prometedora e innovadora vía de éxito empresarial.
Llegados aquí, también habrán pensado que esto también tiene mucho que ver con los denominados nuevos espacios para la economía creativa –que no recreativa-, un componente muy eficaz para el desarrollo de la economía del conocimiento. Pero esto es otra historia.
Andrés Pedreño Muñoz
Universidad de Alicante
Publicado en el diario Información 11-6-2006. Verlo en dossier de prensa UA.
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sábado, mayo 06, 2006
El territorio valenciano como activo

El territorio valenciano como activo Artículo publicado en el diario Información
He releído de la hemeroteca de Información un agudo artículo de su Director “Lo que queda de California” que me ha inspirado a la hora de hacer algunas modestas reflexiones sobre el tema, quizás con el ánimo de recuperar un debate necesario.
Hace veinticinco años la entonces Caja de Ahorros de Valencia llevó a cabo numerosos estudios para la ordenación territorial de la Comunidad Valenciana (*). A finales de los años setenta y principios de los ochenta eran considerados de referencia dentro de las iniciativas de planificación territorial que se realizaban en España. Desde una perspectiva actual, su aportación más valiosa fue el enorme acopio de información local y regional que se explotó para conocer e interpretar las principales claves del desarrollo territorial valenciano y, sobretodo, la clara determinación de considerar a este como un “gran activo” del crecimiento económico regional.
Desde entonces el territorio valenciano ha estado sometido a potentes cambios y tensiones producto de la dinámica de fuerte expansión poblacional, turística y económica en general. Hoy es obvio que el análisis de estos cambios no puede conducir a un diagnóstico complaciente, mucho menos triunfalista, aunque la economía valenciana ofrezca un balance muy satisfactorio en términos de crecimiento económico.
El balance territorial, la situación actual y el territorio nuevamente como activo
No faltaban razones, hace un cuarto de siglo, para considerar al territorio valenciano como un importante activo a la hora de favorecer el crecimiento económico. Recordemos que se mencionaban aspectos tales como su posición estratégica en el denominado arco mediterráneo español, su equilibrio territorial, la conformación del eje litoral y el contrapeso industrial del interior, la complementariedad entre el crecimiento industrial y residencial (especialmente el modelo alicantino), entre otros aspectos. California o no, su desarrollo posterior viene a confirmar muchas de las consideraciones allí realizadas.
Cierto es que algunos de los factores de equilibrio han sido claramente desbordados por la propia dinámica del crecimiento experimentado y por sus numerosas insuficiencias: la falta de alternativas para afrontar la crisis de la industria tradicional, la carencia de un modelo de referencia a la hora de fijar metas y límites razonables en el litoral valenciano, el estrangulamiento propiciado por la escasez de recursos básicos como el agua, la nulidad de su apuesta por la economía del conocimiento, entre otros.
Aun así, y con todas las restricciones o hipotecas hoy existentes, sigue mereciendo la pena considerar al territorio valenciano como un gran activo de cara al futuro. Esto es, partir del valor del territorio, de la estrategia territorial para maximizar su potencial de crecimiento urbanístico, sin infravalorar las alternativas sectoriales a la construcción para los próximos años.
Ya he sostenido en artículos anteriores que los países o regiones que han maximizado su expansión en los últimos años impulsan actividades intensivas en conocimiento. Eso es una realidad cada vez más incuestionable a la hora de analizar las experiencias internacionales más recientes, sean realidades tan distintas como las de Estados Unidos, la India, Corea o Irlanda.
La compatibilidad entre el ocio y la economía del conocimiento
El espacio valenciano sigue teniendo un enorme potencial a la hora de proporcionar respuestas a la economía del conocimiento. Diría que pese al énfasis en una vía muy sesgada hacia la demanda inmobiliaria o el ocio, su compatibilidad con los denominados hoy espacios inteligentes o espacios para la economía creativa, sigue siendo alta si se tomaran las iniciativas necesarias.
No hay ninguna incompatibilidad entre el ocio y la economía creativa. En California conviven sin problemas Disney y el Silicon Valley. Su territorio es uno de los espacios más atractivos para residir o para hacer turismo, pero no por ello las autoridades han despreciado las enormes oportunidades que en todo momento les brindaba la economía del conocimiento. El Silicon Valley y “anexos” han anticipado al resto del mundo las olas tecnológicas de los circuitos integrados, el PC, el software, internet, ahora la nanotecnología, etc. Obviamente hay diferencias entre Carmel, Palo Alto, Los Ángeles o San Francisco, por citar algunos lugares muy conocidos. En cada uno de estos ámbitos se han desarrollado actividades con orientaciones muy diferentes, pero en ningún modo incompatibles.
El sistema universitario de California tiene sus peculiaridades propias que no vienen al caso, pero desde el California Institute of Technology, Stanford, UCLA, Berkeley, San Diego, Santa Barbara, Southern California, Irvine... todas las universidades han sido “exprimidas” por la iniciativa pública y privada a la hora de potenciar la economía del conocimiento en sus diferentes vertientes. Las inversiones públicas para favorecer las economía del conocimiento han sido muy rentables. El ocio y su infraestructura se ha dejado mayoritariamente a la inversión privada. Por ejemplo, el Estado de California apoya e incentiva las inversiones en nanotecnología, biotecnología, infotecnología... El resultado es que un sistema así propicia que, por ejemplo, dos estudiantes de informática creen una empresa como Google, entre otras muchas spin off y start up que surgen continuamente.
El Parque Industrial de Elche
A largo plazo el mercado pone de relieve la rentabilidad de este tipo de inversiones. En España las apuestas públicas para favorecer la economía del ocio generalmente no han sido respaldadas por el mercado. Este, en cambio, ha favorecido, en la propia Comunidad Valenciana y en plena efervescencia inmobiliaria, iniciativas de éxito como el Parque Industrial de Elche, un ejemplo muy significativo de lo que demandan hoy las empresas más competitivas e innovadoras de nuestro propio tejido industrial.
En resumen, sostendría que a la luz de la experiencia internacional y española, la rentabilidad de las apuestas en “territorios inteligentes” o espacios que favorezcan la economía creativa, la innovación, es mucho mayor para la economía en su conjunto que las apuestas oficiales por la economía del ocio.
De ahí que me quede con el final del artículo de Juan Ramón Gil cuando menciona que la “fiebre californiana” en Alicante hizo reflexionar sobre el futuro de Alicante, echando de menos el interés por el necesario debate entre agentes sociales. Efectivamente, hay que desear que la expansión inmobiliaria no secuestre un debate importante para el futuro de Alicante.
Andrés Pedreño Muñoz
Universidad de Alicante
Publicado en el diario Información 7-5-2006. Verlo en dossier de prensa UA.
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